Ana Eirea Costoya es un récord de rapidez y precocidad. Además, fue la tercera mejor nota de España en el examen oral

Dicen que la media de tiempo para superar la prueba es de seis años. La betanceira Ana Eirea Costoya tardó dos. El primero de los tres exámenes de las oposiciones a juez lo aprobó con 23 años y el último, el mes pasado, con los 24 recién cumplidos. Un récord de rapidez, precocidad y acierto (fue la tercera nota de España en el examen oral). «Sí, la verdad es que pocas personas aprueban a la primera. Se lo debo a mi familia por su apoyo y a la jueza Nuria Fachal, que fue la que me preparó y confió en mí», explica. Habla con voz suave. Es sonriente y de gesto amable. Hasta parece que se sonroja cuando expreso mi admiración por lo que acaba de conseguir. Tras la Navidad le esperan nueve meses de formación en Barcelona, en la Escuela Judicial, con un sueldo como funcionaria en prácticas. Después se convertirá en jueza en prácticas antes de conocer su primer destino. «Me gusta penal. Me llaman la atención los temas de terrorismo, narcotráfico o trata de blancas, pero de eso se encarga la Audiencia Nacional y para llegar ahí hace falta mucho», reflexiona esta exalumna del instituto Francisco Aguiar, de Betanzos, que estudió Derecho en la Universidade da Coruña y que siempre tuvo claro que no quería ser abogada. «Soy de vocación tardía. Estudié bachillerato de ciencias porque entonces me atraía la biología», explica.

Claves del éxito

 «Para las oposiciones creo que la clave es no cuestionarse los años que son y las plazas que hay. Hay que pensar que una va ser tuya». En este caso había 100 plazas, 65 de juez y 35 de fiscal, y a la primera prueba se presentaron casi 5.000. «Me lo tomé como un trabajo. Dedicaba al estudio ocho horas diarias. El sábado por la tarde, tras estudiar seis horas por la mañana, me lo daba libre y también el domingo», recuerda. Tiene novio, va al gimnasio, le encanta estar con las amigas, pasear, escuchar música y cocinar postres. Como tantas y tantas chicas de su edad, pero Ana ya es jueza. Una joven encantadora que se declara muy quisquillosa en el tema ruidos. «Necesito silencio para estudiar. Mientras preparaba las oposiciones hubo obras en la fachada de mi casa y tuve que alquilar un piso», confiesa la jueza.

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